Premiere Tres Monos

[ TRES MONOS]



Una talla de madera en el santuario japonés de Toshogo representa la efigie de tres simios. Uno se tapa la boca, otro se tapa los oídos y el tercero se tapa los ojos. El primero se niega así a decir maldades, el segundo a escucharlas y el tercero a verlas. Son los tres monos de la sabiduría, un mito atávico de la cultura extremoriental sobre el que descansa el peso metafórico de las terribles imágenes de la última película de Nuri Bilge Ceylan.

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Eyup (Yavuz Vingol) es el cabeza de una familia cuya cohesión emocional sobrevive precariamente en astillas. La trágica muerte en el pasado del benjamín del clan ha desestructurado las vidas tanto del padre, como de su esposa e hijo mayor. Eyup trabaja como chofer para un importante político local metido en líos. El atropello accidental de un transeúnte amenaza con tirar por la borda todas sus opciones de lograr un buen resultado en los inminentes comicios. Para eludir la inevitable condena, el ambicioso político convence a Eyup de asumir la responsabilidad del involuntario homicidio a cambio de dinero. Así el chofer ingresa en prisión mientras su esposa e hijo lo esperan en mitad de una calma chica que revela la asfixiante soledad que aflige sus vidas. Eyup cuenta los días que le quedan para abandonar las rejas, pero mientras, su mujer e hijo tienen prisa por reclamar parte del botín para comprar un coche. Todos, madre e hijo, esposa, y posteriormente padre, se despojarán de su maltrecha dignidad enredando el nudo de un círculo vicioso de trágicas consecuencias. El retorno de Eyup al hogar, nueve meses después, abrirá la caja de los truenos. Todos tienen terribles secretos que ocultar, y la subsistencia de la unidad familiar depende de un consenso infame: padre, madre e hijo deberán mirar para otro lado, hacerse los sordos y callar aquello que los unos saben de los oscuros pecados de los otros.


Teje así Ceylan, en esa irrespirable atmósfera de rencor y anemia emocional, el más intimista de todos sus relatos. Confinando la narración a los claustrofóbicos muros de un hogar de mentiras y malsana Imagen1dependencia, inunda su película de primeros planos y planos medios, oteando en el silencio envenenado de la desintegración familiar el rostro torturado y pleno de remordimientos resultante de la mentira, de la verdad a medias, de la tragedia mal digerida. Su película se asfixia en el rigor de una insoportablecanícula veraniega. Sus personajes sudan, el calor surca implacable la angustia transparente que emerge de su mala conciencia. Ceylan ironiza en torno a ellos con la lucidez de los genios acerca del significado moral de la culpa. Todos, los cuatro personajes protagónicos (el político, el padre, la esposa y el hijo) cargan con el insoportable lastre de un inconfesable error (o varios), pero ninguno paga precio alguno por los pecados propios. Ninguno asume la responsabilidad de sus malos actos, bien al contrario, sostienen sobre sus hombros la culpa ajena en un demencial intercambio de penitencias. Eyup carga sobre sus hombros con la cruz de una sentencia contra su jefe; su esposa carga a cuestas con las faltas del hijo; el hijo con los de la madre, y al final, un semidesconocido, acabará consintiendo en pagar peaje por las faltas de todos ellos.


Tres Monos” es un cuento moral tejido bajo el aire turbio de una desgarradora tragedia familiar que busca un espacio escénico más íntimo del que acogía “Lejano” o “Los Climas”. Ceylan ensaya aquí un impresionismo a quemarropa, de distancias cortas. El paisaje sigue jugando un papel cardinal, unos y otros se confiesan con la mirada perdida en un horizonte vasto de cielo pre-tormentoso, pero esas confidencias paisajísticas, en las que Ceylan exprime todas sus facultades de gran fotógrafo y mejor pintor de imágenes, juegan aquí un papel menos determinante. No se aparca sin embargo la Imagen1trascendencia emocional de la metáfora telúrica. La tragedia de “Tres Monos” respira ahogada por el calor y explota finalmente en la violencia salvaje de una fenomenal tormenta bajo la estampa apocalíptica de un cielo negro que descarga toda la ira contenida en el corazón gris de Eyup y los suyos.
Ceylan vuelve a sacar petróleo de un presupuesto exiguo, cuidando con mimo la composición del encuadre y definitivamente devoto de la alta definición digital en una película en la que, en virtud del uso proverbial de las elipsis, duele tanto aquello que se ve como aquello que tan gráficamente se intuye. Nuevamente con la inestimable ayuda de su mujer (y co-protagonista de “Los Climas”), Ebru Ceylan, co-autora del espléndido guión, el director turco borda el equilibrio amargo de un conmovedor descalabro moral, emocional y sentimental, familiar y colectivo en este caso, fotografiando con nitidez asombrosa las cloacas sombrías del alma humana en el horizonte de una redención imposible. El Festival de Cannes congenió una vez más con la sensibilidad de Ceylan concediéndole el premio al mejor director, que se suma al FIPRESCI conquistado por  “Los Climas” y al gran Premio del Jurado y el galardón al mejor actor (el propio Ceylan) merecidos por “Lejano”. Una pista más de que tratamos con uno de los mejores directores del cine universal en el siglo XXI.

Roberto Piorno

Especial Nuri Bilge Ceylan

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