Especial Nuri Ceylan

[ CON LA FIRMA DE... NURI BILGE CEYLAN]



El cine de Nuri Bilge Ceylan orbita alrededor de sus propias memorias, del eco de sus recuerdos. Recuerdos de un viajero, de un individuo itinerante, indeciso, en conflicto permanente consigo mismo, errabundo, observador de mil amaneceres y otros tantos ocasos, forjado, como ser humano y artista, en la reflexión contemplativa, en la lectura espiritual de la transformación estacional del mundoImagen1 circundante. Un cine de raigambre humanista, que no elucubra sobre la utopía de un hombre como centro y eje del universo, dominador de su entorno, sino sobre las tribulaciones existenciales de un ser insignificante sacudido por la implacable virulencia del cambio. Cambio incontenible al que nunca acierta ni acertará a adaptarse. El cambio emerge en las películas de Ceylan de fuera hacia dentro, y no de dentro hacia fuera. El cambio es la transformación del día en noche, del otoño en primavera, de la luz en oscuridad. Sus personajes, varados en el desasosiego, contemplan impasibles y trágicamente distantes la transformación climática, histórica, social del paisaje propio y ajeno, hundidos en la impotencia deldesencanto, en la bruma del fracaso, en la impotencia del insuperable aislamiento, de la alienación que los consume. Raramente los personajes de Ceylan trascienden el estatismo, estatismo que contrasta violentamente con la majestuosa mutación telúrica del horizonte, con la incansable y voluble disposición al cambio del entorno. Esa vívida desazón, esa paradoja entre el decepcionante inmovilismo del alma humana y la exuberante metamorfosis del paisaje, que funciona como una proyección idealizada, metafórica, antitética e imposible de la petrificada vida interior, es la arteria por la que bombea toda la visceral poesía de las estilizadas fotografías en movimiento de Nuri Bilge Ceylan, sin duda el más internacional, complejo y fascinante de todos los cineastas turcos en circulación.

Natural de Estambul, Ceylan tejió una conflictiva relación con su tierra natal por culpa de una infancia ingrata, sin intimidad, hacinado en una vivienda familiar de mil inquilinos. Su pasión por la fotografía le indicó el camino a seguir, pero Ceylan peleó lo indecible para descubrir qué clase de persona era, y qué era exactamente lo que podía aportar al mundo. Cursó estudios de Ingeniería Electrónica en la Imagen1Universidad del Bósforo, pero sin el menor ápice de entusiasmo. Viajó a Londres, donde residió algunos meses ganándose la vida sirviendo mesas. Y entre servicio y servicio mataba las horas muertas en la filmoteca, descubriendo voraz la filmografía de quienes en el futuro acabarían siendo sus cineastas de cabecera. Sus anhelos cinematográficos se veían reflejados en las películas de Fassbinder, Ozu, Bergman, Bresson o Antonioni. Allí se forjó Ceylan como futuro director de cine. Allí y en la siguiente etapa de su iniciático viaje: Nepal. En la idílica placidez de un templo budista perdido en las montañas, Ceylan comenzó a tejer los principios esenciales de su peculiar cosmovisión, que en lo sucesivo inmortalizarían todas sus películas, espejo de un amor incondicional por la Naturaleza. Entonces llegó la revelación, Ceylan decidió volver a su Turquía natal y esculpir sus anhelos con forma de películas. Estudió entonces cine en la Universidad Mima Sinav de Estambul. Lo hizo allí porque no tenía dinero para hacer lo propio en Londres, y aprendió a no depender de nada ni de nadie. Aprendió la autosuficiencia, el arte de la supervivencia y a filmar películas con presupuesto doméstico.

Ceylan llamó poderosamente la atención de la crítica turca, y no sólo, con sus dos primeras películas, “Kasaba” y “Nubes de Mayo”, en ambas se rastrean ya algunas de las constantes estéticas de suinimitable sello, los ejes cardinales del realismo artificial que observa el mundo familiar, el inmediato contexto social, sentimental y geográfico, con los ojos de un fotógrafo de los estados de ánimo, de un impresionista de la imagen en movimiento, con una singular percepción visual de lo telúrico, de la variedad cromática de los matices del medio natural y sus satélites. Las limitaciones presupuestarias también definen el carácter, la implicación autobiográfica casi inevitable del artista coImagen1n sus películas, que reducen la cuadrilla de trabajo a dos o tres profesionales, a lo sumo. Ceylan escribe, produce, dirige,fotografía y monta todas sus películas por necesidades de producción y por principios, los del cineasta total, el artista en perfecto control ético y estético de su obra.


No fue hasta 2003, sin embargo, que el director turco lograría entrar en la órbita del gran cine internacional y de los grandes certámenes europeos gracias a su consagración en Cannes con “Lejano”, compendio de todas sus obsesiones visuales y narrativas, que se alzó con el Gran Premiodel Jurado y se ganó el aplauso unánime de la crítica internacional. Fue también la película con la que España descubrió al fin el universo Ceylan y la excelencia pictórica de una de las filmografías de estética más sobrecogedoras surgida en el universo periférico de la Europa fronteriza. “Lejano” expresaba además una cierta idea de lo turco,escindida en dos realidades paralelas, la de la Turquía urbanita e integrada en lainercia del progreso y la modernidad europea, y aquella otra desenchufada de los flujos cosmopolitas, desarraigada, incómoda y disonante con el paisaje de lo moderno. En ese sentido, y aunque de manera meramente colateral, era y es su película más política, la que mejor refleja su percepción del presente turco, de la realidad nacional de un hoy, el de su país, de luces y de sombras.

En un espectro decididamente más intimista tejió Ceylan su siguiente, y no menos aclamada, película. “Los Climas”, que protagonizaba él mismo junto a su esposa Ebru Ceylan. Premio FIPRESCI Imagen1nuevamente en Cannes, la cinta saludaba los inicios del director turco en el universo de la alta definición digital. Planos largos y estáticos que inmortalizaban la desazón de una relación de pareja consumida y extinguida al calor de las texturas estacionales de un ciclo climático completo, mientras Ceylan seempapaba de las bondades del nuevo formato, redibujando dos tercios de su película en el laboratorio de postproducción, saturando y desaturando la inhóspita belleza de los paisajes azotados por el invierno (que ya hipnotizaban desde el horizonte nevado de un Estambul insólito en “Lejano”), redefiniendo el contraste entre interiores y exteriores definiendo un universo visual inimitable que luce aquí en todo su pictórico esplendor. La comunicación entre estado de ánimo y paisaje alcanza con esta película un punto de inflexión. Con ella Ceylan logró conciliar sus exigencias como artista cinematográfico con aquellas otras propias del artista fotográfico. La imagen se perfila densa y sus texturas se experimentan casi tangibles. La plasmación física y extraordinariamente nítida del paso del tiempo conquista en “Los Climas” cotas de excelencia nada comunes. El sibaritismo en los encuadres roza lo sublime, y Ceylan logra al fin la conciliación perfecta, que terminará de definir “Tres Monos”, filmada también con cámara digital de alta definición, entre el fotógrafo y el director que lleva dentro.

Al director empezamos a conocerlo con relativa precisión a tenor de su fecunda y muy difundida filmografía. Del fotógrafo sabemos menos. Como tal Ceylan se reivindicó en España en Junio de 2007, año de su primera exposición fotográfica en nuestro país. Expuso en Granada el director turco un extraordinario corpus fotográfico que, bajo el título Turkey Cinemascope, complementaba a modo de making of, el visionado de “Los Climas”. Además de en Granada, Ceylan ha expuesto como fotógrafo en Londres y en Estambul, y algunos de sus excepcionales trabajos, que arrojan nuevas y reveladoras lecturas sobre el artista que se superponen, enriqueciéndolas, a las que surgen del estudio de su impecable filmografía, están a la vista del internauta en la web http://www.nuribilgeceylan.com/

Roberto Piorno

Premiere Tres Monos