Especial Yohiro Takita

[ KENNETH BI Y LOS “NUEVOS CINES DE HONG KONG”]



Resulta difícil saber en qué momento se encuentra el actual cine de Hong Kong. Tras una época floreciente gracias al prestigio alcanzado por Wong Kar-Wai, al desarrollo del noir policíaco de Johnnie To y a fenómenos aislados como el de Infernal Affairs (Andrew Lau, Alan Mak), llega un período de incertidumbre en el que todavía falta por discernir la tendencia que dominará a continuación y los directores que se incluyan dentro de ella. Mientras, es curioso observar cómo la mayoría de autores que continúan en activo pertenecen a las filas de lo que se denominó la segunda ola de cine de Hong Kong, de forma que, aunque muy distorsionado, podríamos decir que parte de su espíritu se mantiene presente en nuestros días. Kenneth Bi, uno de sus miembros más recientes, estrena ahora en nuestro país El Latido de la Montaña (The Drummer, 2008), por lo que es un buen momento para echar la vista atrás y buscar en perspectiva las características fundamentales que promovieron la modernización de una de las cinematografías que más han influido en el panorama fílmico del último decenio.

1. Inicios

Nuestro punto de partida se situaría a mediados de los noventa, justo tras el exilio a Hollywood de los dos directores fundamentales (Jonh Woo y Ringo Lam) que habían dotado de un nuevo sentido al cine de acción a través de la pirotecnia coreográfica que caracterizó el heroic bloodshed. Fue entonces cuando comenzó a Imagen1fraguarse una revolución silenciosa en los márgenes del cine comercial que desembocó en la realización de la primera película independiente de la historia de Hong Kong, Made in Hong Kong, firmada por un jovencísimo Fruit Chan. Junto a él, nacieron otros nombres dispuestos a renovar las bases estéticas e ideológicas de una cinematografía que necesitaba una dosis de frescura e imaginación mientras se acercaba al mismo tiempo, desde un realismo dinámico, a los problemas básicos de una nueva generación que pedía abrirse paso a través de las arcaicas estructuras sociales. Lawrence Ah Mon, Mabel Cheung, Stanley Kwan, Clara Law, Jacob Cheung, Ching Siu-Tung y Wong Kar-Wai, fueron algunos de esos directores encargados en constituirse en el relevo hacia una nueva manera y una nueva sensibilidad de hacer cine.

El momento político también era propicio para que se produjera un cambio de mentalidad: en Junio de 1997, se produjo la devolución de Hong Kong a la China Continental, lo que condujo una profunda inestabilidad Imagen1económica que desembocó en una inevitable crisis financiera. Ese fue el caldo de cultivo para que aparecieran nuevos temas, como el desarraigo y la marginación juvenil, y se diversificaran los estilos y los puntos de vista. También comenzaron a funcionar productoras ajenas a los grandes emporios existentes, como la fundada por Johnnie To y Wai Ka-Fai, la Milkyway Image, que pronto llenaron el mercado de comedias y thrillers de acción que poco a poco fueron calando en la audiencia hasta convertirse en éxitos masivos de público. Y, sin darnos cuenta, ya estábamos entrando en el nuevo milenio.

2. Un paso adelante

Este nuevo milenio generó algunos nombres que ya habían estado pululando por la escena cinematográfica de los últimos años en diversas facetas. Por ejemplo, el de Lam Wan-Chuen que había sido director de fotografía de la mayor parte de las películas de Fruit Chan y que debutó en 2002 con el film Runaway Pistol, película en la que ejerció como autor total, asumiendo casi todas las labores para su elaboración (dirección, guión, fotografía, música, producción...) y que estuvo protagonizada por  Wilson Yip, Son Cheang-Po Soi y Kenneth Bi, quienes más tarde se convertirían en tres de los nombres más influyentes del novísimo cine hongkonés.

Yip ya era poseedor de una interesante carrera tras la cámara a mediados de los noventa, pero fue una película, Bullets over Summer (1999) la que lo situó como una de las grandes promesas del emergente Imagen1panorama fílmico. A través de una sorprendente reformulación de los patrones anquilosados del thriller hongkonés, Yip dotaba al noir de un nuevo impulso muy moderno, desenfadado y con una voluntad de estilo de carácter inconformista. Kenneth Bi, por su parte, debutaba en la dirección con A Small Miracle (2000) una comedia realizada para el mercado de vídeo en el que también ejercía de hombre orquesta al ocuparse, como en el caso de Lam Wan-Chueng, de casi todas las cuestiones técnicas de la cinta. Sin duda nos encontramos ante una generación de autores en toda regla, versátiles y todoterreno, con una capacidad de dominio de todas las herramientas del lenguaje cinematográfico que les daba la posibilidad de realizar obras muy personales en las que plasmar sus inquietudes y, lo más importante, tomar el pulso de los tiempos. Por último, Soi Cheung daría inicio a su trayectoria probando diferentes géneros hasta culminar en la estimulante Love Battlefield (2004) y en la rompedora Dog Bites Dog (2006), en las que se daba muestras de la práctica de un cine contracorriente, transgresor, ajeno a cualquier rasgo de referencialidad, multigenérico, de una rapidez formal apabullante y arrolladoramente adictivo.

La vinculación entre las ambiciones estéticas (heredadas en su mayoría del videoclip, con abundantes reminiscencias contraculturales, una acusada querencia por la ruptura de convencionalismos y de clichés formales y narrativos) es evidente. La nueva generación de cine de Hong Kong es hija de su tiempo: multireferencial, osada y respondona, de mirada poliédrica y sentido individualista, frenética, algo desmedida y quizás también un poco engreída

Sin embargo, resulta curioso observar cómo la mayoría de los nombres que conforman esta generación se encuentran de alguna manera conectados entre sí. Su cohesión como grupo podría comprobarse, por Imagen1ejemplo, a través de ese trasvase de tareas que ejerce cada uno de ellos en las diferentes películas de unos y otros. Por ejemplo, Kenneth Bi también actuaba como actor en otra de las más sorprendentes óperas primas de los primeros años del nuevo siglo, You Shoot, I Shoot (2001), de Edmond Pang-Ho Cheung, quien había trabajado hasta el momento como guionista de Billy Chung, otra importante pieza dentro del engranaje del renovado cine negro a través de films como Killer (2000) o Paramount Motel (2000). El impredecible genio de Pang-Ho Cheung se ha ido forjando a través de una serie de obras trazadas a través de una compleja hibridación genérica. El descaro y la brutalidad cómica de Men Suddenly in Black (2003), la dramática sinceridad de Beyond our Ken (2004), el “canallismo” de A.V. (2005) o el lirismo y la sensibilidad de Isabella (2006). Todas ellas obras imperfectas pero también dotadas de una potencia visual y un calado narrativo casi instantáneo.

3. Un pequeño paso para atrás

Pero los nuevos cachorros no están solos dentro del efervescente panorama del cine hongkonés. En los últimos años, muchos de los veteranos que parecían haber abandonado el oficio, han vuelto con más fuerza que nunca y con unas energías que bien podrían equipararse a las de las nuevas generaciones. Al fin y al cabo... ¿no fueron ellos los iniciadores de parte de lo que se considera ahora la modernidad?
Uno de los ejemplos más satisfactorios ha sido el esperado regreso tras la cámara de uno de loImagen1s grandes maestros de la nueva ola, Patrick Tam con la brillante After this our Exile (2006). Mucho más áspero que sus jóvenes compañeros, tanto Tam como otros directores surgidos en los ochenta, provenían del lenguaje televisivo, mucho más conciso y menos proclive a la filigrana estética. Sin embargo su carisma se fue adaptando a los tiempos mientras seguía ejerciendo las labores de montaje para películas de Wong Kar-Wai (Days of Being Wild, Ashes of Time) o Johnnie To (Election). After this our Exile es precisamente la prueba de cómo un director que parecía haberlo dado todo en el pasado, es capaz de asumir las pulsiones de la contemporaneidad, haciéndolas suyas y construyendo con ellas un discurso propio.

Otro de los autores resurgidos en los últimos tiempos es Jacob Cheung, gracias al drama de época épico A Battle of Witts, protagonizado y auspiciado por Andy Lau. No hay que olvidar que muchas de las estrellas de Hong Kong poseen un poder extraordinario dentro de la industria, por lo que a menudo ejercen de mecenas de algunos directores o apuestan por ciertos proyectos que, aunque arriesgados, pueden ser beneficiosos para dar un giro a sus carreras. Precisamente Andy Lau creó una productora (Focus Film) para incentivar la producción de óperas primas a través de la coproducción panasiática (Hong Kong, China, Singapur, Taiwán...) de la que surgieron films como My Mother Is a Belly Dancer (Lee Kung-Lok, 2006), Crazy Stone (Ning Hao, 2006), I´ll Call You (Lam Chi-Chung, 2006), The Shoe Fairy (Lee Yun-Chan, 2005) o incluso Invisible Waves del tailandés Pen-ek Ratanaruang. Todas ellas de autores muy jóvenes a quienes se les proporcionaba una primera oportunidad, al mismo tiempo que se seguían apoyando los nuevos trabajos de gente como Patrick Tam, Jacob Cheung Otro de los protegidos de Andy Lau fue el director Wong Ching-Po, que se especializó en el género criminal a través de films sobre el submundo de las tríadas gracias a dos films como Jiang Hu (2004) y Mob Sister (2005). En 2008 Wong Ching-Po firmaba junto a otros diez directores A Decade of Love, un film colectivo que agrupaba a numerosos nombres de la escena actual a través de una serie de historias escritas por Lam Chiu-Wing en torno al amor.

Tony Leung Kai-Fai sería otro de los actores que más activamente han apoyado (monetariamente o con suImagen1 presencia) a los autores más incipientes. En 1999 producía el segundo largometraje tras la cámara de Nelson Yu Lik-Wai, más conocido por ser el director de fotografía de todos los filmes del chino Jia Zhang-ke, Love Will Tear Us Apart, que también protagonizaría. Yu Lik-Wai ha tenido una trayectoria bastante más esquiva que sus compatriotas hongkoneses, convirtiéndose con sus películas con nombres de canciones (All Tomorrows Parties y el mediometraje Dance Me to the End of World) en un director de culto; pero fue la presencia de Tony Leung en uno de sus films lo que paradójicamente lo situó en el centro de atención a nivel internacional.

Y si hablamos de Andy Lau o Tony Leung Ka-Fai como productores... ¿qué podríamos decir del actor más poderoso de la industria de Hong Kong? Sí, Jackie Chan además de producir casi todos los títulos que protagoniza y otros más de calculada estrategia comercial, también apuesta por la sangre nueva, en especial, por Kenneth Bi. Hijo de una cantante de ópera y famosa actriz para los estudios Shaw, Ivy Ling-Po, Kenneth Bi consiguió ganar un importante premio por el guión de lo que se convertiría en su segundo trabajo tras la cámara, Rice Rhapsody y también captó el interés de Chan para ser su productor ejecutivo. La asociación entre ambos ha terminado dando sus frutos en The Drummer/El Latido de la Montaña, protagonizada por el mismísimo hijo de Jackie Chan, Jaycee Chan, que alcanza en este film unas nada desdeñables cualidades como actor, algo que parecía imposible revisando los primeros trabajos en los que asomó el rostro.

También Johnnie To pone al servicio de la Mylkiway Image algunos nombres nuevos, como los de Patrick Imagen1Yau, responsable de títulos como The Odd One Dies (1997), Expect the Unexpected (1998) o The Longest Night (1998) o  Yau Nai-Hoi (Eye in the Sky, 2007), y es también el productor de la que será la próxima película de Soi Cheang-Po, Assassins, otro de los directores con los que empezábamos este texto que podría estar dando vueltas sobre sí mismo durante muchas, muchas páginas, las que se atrevieran a vincular todas las conexiones que se establecen dentro del cine de Hong Kong actual. 

os más dotados genios de la posmodernidad cinematográfica, que un repaso a su obra completa, de punta a cabo, desde As Tears Go By a My Blueberry Nights. Es el backstage de un genio moviéndose en los límites de la libertad total, esculpiendo imágenes con el cincel de un visionario y, de paso, reescribiendo la historia del cine hongkonés contemporáneo. Wong Kar-Wai es ya, diez películas después, un mito del Séptimo Arte. El tiempo, ese lugar ignoto que encarcela la lánguida infelicidad de sus personajes, determinará de qué tamaño.

Beatriz Martínez

Premiere