Especial Yohiro Takita

[ ESPECIAL YOJIRO TAKITA]



LA BALADA PERMANENTE DE TAKITA: EL CINE DE YOJIRO TAKITA

Hablar de Takita no es escudarse en los últimos reductos de una Nueva Ola que ha pasado a mejor vida; tampoco es hablar de un cineasta innovador, ni de un gran genio del Séptimo Arte, pero sí de un viejo hombre de encargos que ahora parece vivir una segunda juventud con la recién galardonada Despedidas. Esperemos que no se jubile todavía y permanezca entre nosotros para que su cine siga constatando que trabajando con pasión pueden salir películas de nivel, sin caer en esas falsas aspiraciones egocéntricas que conviertan tu cine en un sinsentido ergo prosaico, que ni los ratones de esas salas de arte y ensayo en peligro de extinción aguantan. Takita siempre ha mantenido los pies en el suelo, prefiriendo seguir los pasos de los grandes estudios para afincar su posicionamiento en la industria y hacer un cine comprensible para todos los públicos.

Clasificar el cine de Takita como de mainstream a secas sería del todo injusto. No sería para nada acertado, pues este cineasta que ha sobrepasado ya el medio siglo de existencia se estrenó como director en los años Imagen180 rodando algunas pinku eiga, concretamente de la serie Chikan Densha. De hecho, fue asistente en numerosas producciones eróticas, aprendiendo el oficio a base de rodar escenas complementarias de cama (o tal vez imprescindibles, quién sabe). Otro director más de la vapuleada Nouvelle Vague de los 90 que seinstruyó en el vasto mercado del V-Cinema (derrotada al fin y al cabo por la competencia agresiva de las grandes majors, que en lo que llevamos de tercer milenio han recuperado su posición en el mercado). Takita pertenece a esa generación que ha preferido escudarse detrás de un gran estudio. Por lo tanto, considerarlo como uno más de la Nueva Ola es un tanto arriesgado, ya que además, su nombre no ha sobresalido demasiado entre esos directores emergentes que sí renovaron conceptualmente el cine japonés a finales del siglo XX (léanse Kitano, Miike, Sabu, Kawase, Iwai o Kore-eda).

A Takita le sucede lo mismo que a Yoichi Sai, director de ascendencia coreana que siempre ha elegido la opción más sensata económicamente de ponerse al lado del gran estudio para rodar producciones comerciales decentes con una métrica interna muy clásica (mirad sino Blood & Bones). El conservadurismo academicista también parece apoderarse del cine de Takita, sobre todo en La Espada del Samurai. Pero no es la única: las fallidas Onmyoji (o The Yin Yang Master según edición), basadas en una popular novela del no menos popular Baku Yumemakura (os recomendamos encarecidamente hacerse con La Cumbre de los Dioses, ilustrada por Jiro Taniguchi), siguen a rajatabla esos ejes narrativos más propios de una producción de los años 50 que no de un film fantástico. La apuesta por una narración clásica es del todo coherente en un argumento como The Yin Yang Master: dos familias se disputan la gracia del emperador, y para eso contratan a dos maestros con poderes que dominan el Yin y el Yang. Pero uno de ellos es poseído por un demonio; la tranquilidad de Japón se verá alterada por el desequilibrio de fuerzas que convergen en elImagen1 Yin y el Yang. Lo que resulta inicialmente un relato ambientado en el período medieval, termina por convertirse en dos películas (la secuela puede obviarse completamente) donde los efectos especiales (como siempre mal ensamblados) están a la orden del día. En cierto modo, ambas producciones se sitúan al margen de ese jidaigeki tan protocolario y esas películas de acción sobrenatural con espadachines (para que os hagáis una ligera idea, y salvando muchas distancias, del tipo Princess Blade o Sakuya Yokaiden). Pero Takita se desmarcó del resto de sus compatriotas que promueven la acción por encima de la historia, y ofrece un film muy en la línea de producciones esperpénticas y megalómanas con referencias al pasado mitológico o histórico japonés, como lo son Los Tres Tesoros (Hiroshi Inagaki, 1959) o Rikyu (Hiroshi Teshigahara, 1989). Si no fuera por la incorporación masiva de efectos especiales generados por ordenador y pantalla verde, estaríamos ante dos filmes sobradamente clásicos, en los que sólo faltarían miles de extras corriendo por los decorados de cartón y piedra (y se me ocurre perfectamente La Leyenda de Buda de Kenji Misumi, por ejemplo).

Igual le sucede a Ashura, otra de sus producciones que seguramente aburrirán a los que no estén firmemente interesados en el folklore fantástico del país del sol naciente. El problema de un film como Ashura, en el que se nos cuenta cómo un guerrero que abandonó el camino de la espada para dedicarse al mundo del teatro se deja cautivar por una misteriosa mujer de enorme belleza, no es solamente por el contenido de la historia, sino por cómo se explica, por cómo está narrada. Una historia fantástica, teñida de romanticismo, cuyo relato se basa en una añeja pieza de kabuki y en el que se recrea ese Japón de la Era Edo, con féminas de linaje demoníaco dedicadas al mundo del espectáculo, seguro atrae al público autóctono a tiro hecho. Pero, ¿qué sucede con el espectador occidental que no está familiarizado con la cultura japonesa? Pues que la ignorará, sobre todo porque no se identifica con nada de lo que le están contando. Lo curioso es que, pese a su lentitud, todo el film mantiene una línea posmoderna ajustada a los tiempos que corren, o sea que no Imagen1debería ser ningún problema para esos espectadores que devoran películas con planos de medio segundo. Pero esa post-modernidad sólo se deja ver en la superficie, pues atañe sobre todo en el diseño de producción más que en la narración. Otro de los motivos pues, que justifican la permanencia de Takita dentro de los circuitos más comerciales del cine de su país, y no de esa Nueva Ola que hemos reinventando en países europeos. Y es que de hecho, el cine japonés no deja de ser muy japonés, es decir, pensado específicamente para su propio mercado. La métrica sigue siendo muy acorde con el pensamiento japonés, en que lo efímero es bello aunque haya que esperar una eternidad, y exceptuando las películas de acción (Ashura no puede inscribirse dentro del género por mucho que haya algún combate), el resto de producción filmada en Japón se diferencia muchísimo narrativamente del cine occidental. Y las películas de Takita, ante todo, están concebidas para ser degustadas por el público japonés.

Más interesado puede estar el público no japonés ante producciones de gran envergadura como La Espada del Samurai (Mibughishiden, 2003), que podríamos afirmar rotundamente que se trata, junto a la trilogía de jidaigeki  firmada por Yoji Yamada y la gran evasión genérica que supone Hana de Kore-eda, de uno de esos filmes básicos sobre samuráis de los últimos diez años. Viendo la narrativa de La Espada del Samurai, parece que Takita se haya dejado llevar por el aroma de El Ocaso del Samurai de Yamada, con unas pinceladas de los chambaras de Hideo Gosha. Pero si algo caracteriza a When the Last Sword Is Drawn (su título internacional) es su mirada preciosista hacia un pasado medieval, tachado muchas veces de legendario. Takita no ha querido magnificar un relato que narra la historia de un samurai, Kanichiro Yoshimura, que para alimentar a su familia debe abandonar su hogar y entrar en la división especial de los shinsengumi, un grupo de élite formado por samuráis, y asimismo, última estirpe de la defensa del shogunato Tokugawa. Yoshimura nunca más regresará, dejando a su hermana al cuidado de otro samurai. Una historia cargada de sentimentalismo, pues está narrada desde el punto de vista del marido de la hermana de Yoshimura, ahora médico de profesión, que por azares del destino entabla una conversación con uno de los nobles rivales de su hipotético cuñado. En este filme no faltan esos elementos característicos de los jidaigeki, es decir, batallas espectaculares no muy violentas (para eso ya están los chanbaras), recreaciones del glorioso pasado medieval con decorados reales y otros que se han creado para la ocasión, y toda la liturgia del mundo samurai, desde la vestimenta hasta las preciadas katana y wakizashi (con las que convivían hasta durmiendo). Este largometraje ganó tres premios de la Academia japonesa: mejor película, mejor actor (Kiichi Nakai) y mejor actor de reparto (Koichi Sato).

Dejemos que los samuráis y su memoria histórica reposen en paz. La verdad es que mientras se visiona Despedidas (Okuribito o Departures según más guste), a uno la da la sensación de que Takita es un cineasta que aboga por el drama más que por otro género; más lejos de la realidad, pues viendo toda su filmografía nos damos cuenta que ha coqueteado mucho más con la comedia. Producciones como Comic Magazine o Kimurake no Hitobito (The Yen Family), sobre una familia obsesionada por conseguir cuanta más riqueza mejor, o Made in Japan, lo atestiguan. También se ha dejado caer en el cine yakuza con un título que pasó completamente desapercibido: Nemuranai Machi – Shinjuku Same (The City that never Sleeps: Shinjuku Shark), cuya trama se ubicaba en el famoso barrio tokiota conocido por la frenética vida nocturna y centro neurálgico de la mafia nipona y china.

Pero si una palabra debe definir el cine de Takita ésta es ‘premios’, pues si algún rasgo en común tienen todos sus filmes es que por méritos propios han conseguido atesorar reconocimientos y galardones varios. Por lo tanto, Departures no es la excepción que confirma la regla. Veremos si consigue pescar alguno Tsurikichi Sanpei, su última producción basada en un exitoso manga sobre pesca de Takao Yaguchi. No es la primera (ni será la última) vez que un cómic de pesca es adaptado a imagen real; el serial de filmes de la Shochiku Tsuribaka Nishi demostró la obsesión de los japoneses por la pesca. Takita ha seguido las aventuras de un chaval de 13 años que pretende convertirse en el mejor pescador de su zona. Un cómic hogareño para una película hogareña. Un sutil cambio de registro que vuelve a estancar su cine no más allá de las fronteras del extremo asiático. Lo que apuntábamos al principio: Takita hace cine para la corriente dominante de su país, no para exportarlo. Y mientras podamos seguirle la pista y continuar visionando sus filmes, da igual que sea más o menos conocido en Occidente. Aunque quién sabe viendo Despedidas

La singularidad de la música en los filmes de Takita

Si alguna cualidad añadida tiene las películas de Takita, es su música. A través de la música instrumental que acompaña sus filmes podemos comprender un poco más su cine y su visión de la industria. Y es que normalmente ha dejado que las bandas sonoras de sus producciones tuvieran el sello de algunos de los compositores japoneses con más prestigio del archipiélago nipón (algunos de ellos sobradamente conocidos entre nosotros). Otro tema es que en según qué casos sea mera imposición del estudio, pero de todos modos, un director debe aprobar en el montaje la labor del compositor, si no, el resultado final no tendría demasiado sentido. Veamos algunas de las bandas sonoras más famosas que definen la elegancia de su cine:Imagen1

Para La Espada del Samurai eligió a Joe Hisaishi, que mira por dónde, nos ofrece material auditivo nuevo en el que evita esas repeticiones melódicas a las que ya estamos acostumbrados viniendo de él. La verdad es que el compositor fetiche de Miyazaki le da un tono muy solemne a una partitura que podría caer en todos los tópicos de las bandas sonoras de películas con samuráis. En cierto modo, y como casi todo está inventado, Hisaishi reaprovecha algunas partes de la partitura de La Princesa Mononoke para crear sonoridades acordes con los momentos más intensos, y se recrea con esos tambores taiko tan oídos en soundtracks de,por ejemplo, Toru Takemitsu (Ran).
Para Onmyoji y su secuela optó por un compositor muy conocido por los seguidores del cine de Hong Kong:Shigeru Umebayashi, que puso su pincelada musical en Fearless o  en Deseando Amar, por ejemplo. Umebayashi permanece atento a las imágenes épicas filmadas por Takita, y sin caer en una partitura megalómana, hace uso de un registro musical muy por encima de sus otras partituras mucho más conocidas para el público en general. Eso sí, no creemos que tanta épica clásica sea fácil de asimilar para el espectador más dado a otro tipo de partituras como las de Hisaishi.


Más inclasificable resulta la partitura de Ashura, que por su variedad musical se adecua a los planteamientos de Takita, es decir, remasterizar leyendas del folklore arcaico con un sabor contemporáneo. La música de Yoko Kanno, de amplios registros y sonoridades, remarca aún más si cabe ese comportamiento posmoderno que adopta el relato de Ashura. En cierta manera, Takita podría haberse hecho cargo si hubiese querido de Dororo, otra película que al partir de un manga antiguo (de Tezuka para más señas) se adentra en los complicados parajes del cine posmoderno, y con resultados artísticos más que notables. El diseño de la producción de Ashura también es para quitarse el sombrero y su música aún más.
La música envuelve las historias Takita, las resalta, las hace más digestivas desde el punto de vista narrativo. Una manera más de confirmar que su cine permanecerá perpetuo al paso de generaciones, permanente, ni que sea escuchando sus bandas sonoras.   imagen3

Filmografía básica:
1981
-Chikan Onna Kyôshi
1982
-Chikan Densha: Man’in mamesagashi
-Chikan Densha: Motto tsuzukete
1983
-Chikan Densha: Rumiko no Oshiri (Molester Train: Rumiko’s Ass)
-Chikan Densha: Keiko no Hippu (Molester Train: Keiko’s Hips)
-Renzoku Bôkan (The Serial Rape-Murder)
1984
-Chikan Densha: Shitagi Kensatsu (Molester Train: Search for the Black Peral)
-Goodbye Boy
1986
-Komikku Zasshi  nanka iranai! (Comic Magazine)
1988
-Kimurake no Hitobito (The Yen Family)
1993
-Bokura wa minna Ikiteiru (Made in Japan)
-Nemuranai Machi – Shinjuku Same (The City that never Sleeps: Shinjuku Shark)
1994
-Nettai Rakuen Kurabu (The Tropical People)
1997
-Sharan Q no Enka no Hanamichi
1999
-Himitsu (Secret)
2001
-Onmyoji (The Yin Yang Master)
2003
-Mibugishiden (La Espada del Samurai)
-Onmyoji 2 (The Yin Yang Master 2)
2005
-Ashura-jô no Hitomi (Ashura)
2007
-The Battery
2008
-Okuribito (Despedidas)
2009
-Cinemaholic episode 1
-Tsurikichi Sanpei

Eduard Terrades Vicens

Premiere Despedidas (Departures)