Premiere Despedidas

[CINCO DÍAS EN SAIGÓN]



1. Itinerarios de ida y vuelta

En los últimos años hemos asistido a una curiosa hibridación entre las cinematografías orientales y Imagen1occidentales, sobre todo debido a la gran cantidad de coproducciones que han enriquecido el panorama internacional a través de productos pertenecientes a ambos ámbitos fílmicos, y sobre todo, gracias al fenómeno de la trasnacionalidad: directores asiáticos que han cambiado sus fronteras geográficas para adaptar su ideario estético dentro de los cauces del cine europeo o americano. Autores como Hou Hsiao-Hsien, Nobuhiro Suwa, Tsai Ming-Liang, Johnnie To o Wong Kar-Wai han vertido así sus respetivos discursos hacia otras latitudes sin perder un ápice de su personalidad, incluso, en alguno de los casos, sirviendo para acentuarla de una manera más intensa si cabe. Sin embargo, también se ha dado el fenómeno a la inversa, directores occidentales que, atraídos por el espectro oriental, caían en las garras de la fascinación hacia esa cultura y ese paisaje humano para adentrarse en aventuras de gran relevancia significativa sobre todo a nivel íntimo. Es el caso de Sofia Coppola, Isabel Coixet, Olivier Assayas o Stephane Gauger, director de Cinco Días en Saigón.

De origen vietnamita pero criado en Estados Unidos, Gauger siempre mantuvo vivas sus raíces, enfocando su incipiente carrera cinematográfica hacia el mantenimiento de su doble nacionalidad. Colaboró con otro director de origen mestizo, Tony Bui, en la premiada Tres Estaciones (Three Seasons, 1999) y más tarde en Podwer Blue (2009) con un reparto meramente hollywoodiense que incluía los nombres de Ray Liotta, Jessica Biel o Forrest Whitaker. Un bagaje que le ha permitido emprender su primer trabajo tras la cámara, Cinco Días en Saigón, que viene perfectamente a ejemplificar el trasvase estético de ideas que se ha producido en el último decenio entre las diversas concepciones cinematográficas orientales y occidentales que han terminado por empaparse las unas de las otras para dar lugar a películas que, en realidad, hablan del mundo en el que vivimos.

2. EncuentrosImagen1

Cinco Días en Saigón tiene algo del espíritu inquieto y quebradizo del primer Wong Kar-Wai, vestigios del cosmopolitanismo urbano social de Jia Zhang-Ke, señas propias del naturalismo de los hermanos Dardenne, toques que denotan un interés en la radiografía documental y otros que la sitúan casi como si fuera una fábula de Dickens. Su director afirma que su intención era llevar al cine de su país de origen los nuevos modos de la contemporaneidad sin que por ello se perdiera la esencia, los ritmos, los modos y las peculiaridades de su cultura. El resultado es un adentramiento extremadamente vivo en las calles de Saigón, a través de una cámara espía que se agazapa para resultar invisible permitiendo la espontánea participación de actores y gente anónima que transita por la pantalla haciendo posible que la realidad se filtre por cada una de las esquinas.

Tres son los itinerarios que se cruzan en el film: el de una niña huérfana, Thui (Han Thi Pham), obligada a trabajar en la fábrica de su tío, que sueña con la libertad y que escapa a Saigón para vivir por su cuenta; el de una joven azafata, Lan (Cat Ly), desesperanzada por no encontrar a una persona a la que amar; y por último Hai (The Lu Le), que trabaja en un zoológico y se encuentra en el proceso de superar una ruptura amorosa. Los tres están solos, perdidos y desorientados. Los tres se dejan atrapar por el bullicio de una ciudad que nunca descansa, en la que se puede comer tazones de noodles calientes a cualquier hora del día y de la noche y en la que las niñas pequeñas venden rosas a cambio de una historia trágica que contar.

Sin embargo, Gauger esquiva el pintoresquismo y también el elemento lacrimógeno. Los personajes, al fin yImagen1 al cabo, siempre albergan algo de esperanza en salir de su momentánea parálisis emocional y continuar hacia delante, aunque no sea fácil. Durante cinco días iniciarán una serie de encuentros y desencuentros que los unirán para siempre y les enseñarán el valor de los sentimientos dentro de una sociedad que parece no tener tiempo para ellos. El director utiliza una red de relaciones entre estos tres personajes de procedencia y destino dispar para trazar un itinerario a través del Saigón contemporáneo, en liza con sus tradiciones y sus fricciones con los nuevos modos de entender la vida. Quizás la respuesta se encuentre en esa niña huérfana, Thui y en su instintiva necesidad de salir adelante por sí sola, en su tenacidad y en su lucha interna para ser libre y hacer feliz a aquéllos que la rodean. No siempre se puede, pero al menos hay que seguir intentándolo.

 

Beatriz Martínez

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